Entre las filas de asientos de Réplika Teatro no se oía ningún ruido. Esperábamos el inicio de un espectáculo, un monólogo,un musical, no sé, pero con una sola persona en el escenario.
No es fácil conseguir la complicidad de un público heterogéneo, pero cuando María abrió su oficina de “Objetos Perdidos”, sentimos que nosotros habíamos perdido y encontrado un retazo de la vida misma.
Y a partir de ahí iniciamos el viaje sorprendidos y al mismo tiempo cautivados. Esa es la palabra.
Una mujer, una copa de vino en ocasiones, una lágrima o una risa en otras y una emoción en cada momento de un tempo fluido, hermoso, en verso, en recitativo o en clave de acompañamiento musical.
En cada escena vimos no”un poco de corazón”sino un “mucho”del alma de María, creadora, compositora e intérprete de sus propios sentimientos y experiencias.
Viajamos con ella del amor al dolor, de la pérdida al encuentro del vacío emocional a la plenitud del amor.
Una dirección escénica impecable de alguien experto en las lides de descubrir nuevos valores y apostar por propuestas al margen de los circuitos comerciales. Esa es la labor a la que Jarek y Miko Bielski nos tienen acostumbrados.
Y una música coordinada con una interpretación profesional,pero dinámica, fresca y siempre inserta en el hilo del relato. Parece la banda sonora de las secuencias de vida que van apareciendo poco a poco.
Josué Santos, director musical de casta, Dayán Abad y una guitarra que evoca el rasgueo de Habana blues el sonido triste del violoncello de Ana y el piano de Mauro Pugliese nos ayudan a sumergirnos en esa atmósfera de complicidad y empatía que crea María en cada uno de los silencios que canta.
Sorprende su capacidad para cambiar de registro en situaciones de estructura compleja, cuando nos hace reír después de haber llorado o cuando llora ella después de verter sus lágrimas .
Es fascinante su talento artistico, pero también los retazos de alma que desgaja a cada paso y que invita a conocerla por dentro, trascendiendo de cualquier experiencia.
María se escucha, se bebe en el vino etiquetado para la ocasión, pero también se lee en un libro de cuidada edición y que acompaña al espectáculo.
Esperamos seguir disfrutando de su voz melodiosa, de su elegante escritura, de su impecable presencia en el escenario, pero también y sobre todo, de continuar investigando el corazón y el cerebro , en proporciones claramente desiguales, que han sido capaces de crear este pedazo de vida. Todo un regalo.
Maite Fernández Madrid
Doctora en Historia del Arte